Un recorrido guiado a través de los sonidos de América Latina, sus instrumentos y sus intérpretes. Por Edgardo Civallero.

jueves, 22 de junio de 2017

Pinkillos: un acercamiento inicial

Pinkillos: un acercamiento inicial

Parte 05. Pequeños pinkillos (II)


 

Al sur del lago Titicaca, en territorio boliviano, la variedad de pequeños pinkillos es asombrosa. Suelen ser el acompañamiento musical de danzas tradicionales. Dado que forman parte del patrimonio intangible del pueblo Aymara, muchos de ellos también están presentes en territorio peruano.

Los pinkillos ch'alla son flautas de caña originarias de la región de Colquencha (provincia de Aroma, departamento La Paz). Poseen un único tamaño, de alrededor de 85 cm, y 6 orificios de digitación frontales. Suelen ejecutarse durante las fiestas patronales, el 15 de agosto y el 14 de septiembre.

El pinkillo taraka (tarakha) es una flauta de caña de 30-35 cm provista de 6 orificios circulares en la parte frontal y uno cuadrado en la parte trasera. Como es habitual en este tipo de instrumentos, se interpreta entre Todos los Santos y Domingo de Tentación, especialmente en la zona de Tacobamba (provincia de Cornelio Saavedra, departamento de Potosí).

Por su parte, el pinkillo k'achuiri (kachuiri, kashuiri, qhaswiri, qachuhiri, khachwiri, qachuwiri) tiene 5 orificios frontales y los hay de dos tamaños. Acompañado de cajas wank'ara, suele poner marco musical a la danza denominada kashua (q'ashwa, qhaswa). Se lo usa tanto en el departamento de La Paz (Bolivia) como en el de Puno (Perú), casi siempre durante el Carnaval.

El pinkillo koiko (quyqu), pinkillo de carnaval o wayro (wayru) es una flauta gruesa, con 6 orificios y dos tamaños: jach'a (60 cm) y mala (40 cm). Como el anterior, se interpreta en los departamentos de La Paz y Puno en tiempos de Carnaval.

El pinkillo de los pacochis (pakochis, p'aquchis) es un aerófono que se emplea en la danza homónima. Cuenta con 3 orificios (2 delanteros y uno trasero) y, al igual que la danza, es originario de Achacachi (provincia de Omasuyos, departamento de La Paz). Se acompaña con grandes bombos wank'ara. El baile es una de las denominadas "danzas rebeldes", en la que se representa a los invasores españoles (rubios y con espadas) y a los curas que iban con ellos, y se hace mofa de todos ellos, ridiculizándolos.

El pinkillo karhuani (k'arwani, qarwani) se utiliza en el baile de los llameros o llameradas, de ahí su nombre (qarwani, en aymara, "llamero"). Es ésta una danza tradicional Aymara que ha adquirido mucha difusión gracias a los Carnavales y que en la actualidad puede presenciarse en varias celebraciones a lo largo y ancho de Bolivia. El pinkillo karhuani tiene un solo tamaño y va acompañado por cajas wank'ara. Cuenta con 3 orificios (2 delanteros y uno trasero), mide unos 30 cm de largo y está extendida por toda la Meseta del Collao, el altiplano peruano-boliviano.

Como el anterior, el waka pinkillo (waca pinquillo) también tiene 3 orificios y está presente en toda la Meseta del Collao. Se ejecuta durante la danza waka waka (waca waca), waka thoqori (waca tokori) o waka tintis (waca tinkis), parodia de las corridas de toros coloniales (de ahí el nombre del aerófono, "pinkillo del vacuno"). Puede tocarse en solitario (el intérprete golpeando además una caja wank'ara) o en tropas que incluyen dos tamaños de waka pinkillo afinados en quintas paralelas, y el acompañamiento de cajas.

El pinkillo Camata (originario de esa localidad altiplánica) posee únicamente 2 orificios y mide más de 50 cm. Se toca a la vez que se bate, con una maza o jawk'aña, un bombo de unos 60 cm de diámetro y unos 30 cm de alto, provisto de chirlera (charlera, corchea, jevisa). Es interpretado por los personajes conocidos como awilas en la danza denominada danzanti o danzante, de la provincia de Omasuyos (departamento de La Paz), sobre todo en los alrededores de Achacachi.

La phuna es una flauta originaria de la localidad de Tiwanaku (Tiahuanaco, departamento de La Paz), inseparable del estilo musical homónimo, muy parecido al huayno. Mide unos 40 cm, tiene 6 orificios frontales e incluye ataduras de cuero crudo para evitar rajaduras. Un grupo de phunas cuenta con 5-10 músicos, los cuales se acompañan en ocasiones por bastos o guías (quena quenas que se interpretan en quintas paralelas).

El pinkillo chatre o chatripuli se usa en el departamento La Paz (Bolivia) y en el de Puno (Perú). Tiene 5 orificios frontales y uno posterior, mide 45 cm y lleva cajas wank'ara como acompañamiento. Aparece sobre todo en la danza de los chatripulis, uno de los bailes de la familia de los pulis, que en este caso particular parodia al arcángel San Gabriel.

El marimacho es una flauta doble: un pinkillo de 5-6 orificios unido a otro que, generalmente, da una única nota. Se lo suele emplear como complemento en las tropas de mohoseños o en las de waka pinkillos.

Interpretados sobre todo en el departamento de La Paz, se cuentan el qoana, el pinkillo montonero, el mist'i pinkillo, el k'usillu pinkillo, el pakorta, el jachir kasta, el pinkillo waycheño y el ajinaltu.

Uno de los pinkillos bolivianos más curiosos es el alma pinkillo (alma-pinkillo, alma pinquillo, alma-pinquillo, almapinquillo, alma pinkullo) o muquni, también llamado sokhosa pinkillo (por la variedad de caña, sokhosa o soqosa, con la que se lo fabrica). Oriundo del altiplano boliviano, se encuentra sobre todo en comunidades campesinas del departamento de La Paz, especialmente en las provincias de Larecaja y Pedro Domingo Murillo.

Se toca el 1 de noviembre de cada año, durante la Fiesta de Todos los Santos o Día de Difuntos (en aymara, amaya uruchawi) en honor a las almas de los muertos, de ahí uno de sus nombres. El otro, muquni, deriva de la voz aymara muqu, "codo": la sokhosa con la que se fabrica la flauta es una caña muy nudosa, y los alma pinkillos siempre incluyen uno de estos grandes nudos en su zona central. Esto provoca que su silueta sea levemente acodada. Esa figura torcida los vuelve inconfundibles, y los distingue de los rectilíneos pinkillos "comunes". Además, el codo hace que el sonido de estas flautas sea vibrante y "sucio" y, desde una perspectiva Aymara, más "melancólico", más acorde a la ocasión en la que suenan los alma pinkillos.


Si bien hoy se las emplea en una festividad religiosa cristiana, antiguamente se las usaba para celebrar la llegada de la temporada de lluvias (el jallu pacha) que comienza precisamente el 1 de noviembre. Como todos los pinkillos, se trata de aerófonos femeninos y son propios del "tiempo húmedo". En la actualidad ambas perspectivas están algo mezcladas, y se dice que los alma pinkillos honran a las almas de los difuntos con la esperanza de tener buenas lluvias y una abundante producción agrícola.

Las tropas de alma pinkillos incluyen dos o tres tamaños de flautas, y se acompañan obligatoriamente por wank'aras. Se considera a los flautistas como los servidores de las almas, los almanakan wawanakapaxa o "hijos de las almas". Por lo general puede haber hasta una docena de bandas tocando en un mismo cantón durante los días que dura la celebración. "Dan la bienvenida" a las almas la víspera del Día de Difuntos; tocan en su honor los días siguientes (tanto en las casas de los deudos el día 1 de noviembre como en el cementerio el día 2) y las despiden el día 3 de noviembre, durante la ceremonia de kacharpaya ("despedida"). En los hogares interpretan su música frente a las apxata, los altares domésticos levantados para los muertos por sus familiares; en el cementerio, lo hacen durante los llamados alma despachos, las "mesas" en las que se ofrenda comida y otros bienes. Los servicios de los músicos son pagados con alcohol y unos panes tradicionales elaborados específicamente para la fiesta.

La competencia entre bandas de muquni es feroz; tanto, que todas llevan miembros armados con un chicote o látigo (símbolo tradicional de autoridad) enrollado en el torso, para mantener separados a los miembros de cada agrupación si se produce un enfrentamiento directo. Llegado el caso, los músicos buscan romper, a golpes de flauta, los parches de las wank'aras de la tropa rival, pues sin ellos no se puede tocar. Cada banda espera que sus percusionistas protejan el membranófono incluso a costa de su seguridad personal.

Para cerrar el recorrido por los Andes, habría que añadir que en Argentina los pequeños pinkillos tienen una escasa difusión en el ámbito tradicional. En el norte de Chile, por el contrario, son muy habituales. Además de los mohoseños, que se han extendido desde el vecino altiplano boliviano, hay varias variedades locales. Los hay rectos, de 30-40 cm de largo y provistos de 5-6 orificios; están presentes en todo el Norte Grande, especialmente en festividades religiosas en la región de Tarapacá (Virgen de Las Peñas en Livílcar, y Virgen de La Tirana) y en Carnavales (p.ej. en los de Cariquima). También hay pinkillos ligeramente curvos, de 3 orificios, usados sobre todo en las quebradas de San Pedro de Atacama (provincia de El Loa, región de Antofagasta) para la danza del torito. Esos aerófonos, junto con una caja pequeña, son ejecutados por un músico llamado niño mayor, que acompaña a los danzarines en las celebraciones populares.

 

Referencias

Baumann, Max P. (1981). Music, Dance, and Song of the Chipayas (Bolivia). Latin American Music Review / Revista de Música Latinoamericana, 2 (2), Autumn-Winter, pp. 171-222.

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Gobierno Autónomo Departamental de La Paz (2012). Registro de música y danza autóctona del departamento de La Paz. La Paz: Secretaría Departamental de Desarrollo Económico y Transformación Industrial.

Instituto Nacional de Cultura (1978). Mapa de los instrumentos musicales de uso popular en el Perú: clasificación y ubicación geográfica. Lima: Oficina de Música y Danza.

Martínez, Rosalía (1990). Musique et démons: carnaval chez les Tarabuco (Bolivie). Journal de la Société des Américanistes, 76, pp. 155-176.

Mullo Sandoval, Juan (2009). Música patrimonial del Ecuador. Quito: Fondo Editorial Ministerio de Cultura.

Olsen, Dale A.; Sheehy, Daniel E. (eds.) (2008). The Garland Handbook of Latin American Music. 2.ed. Nueva York, Londres: Routledge.

Pérez Bugallo, Rubén (1996). Catálogo ilustrado de instrumentos musicales argentinos. Buenos Aires: Ediciones del Sol.

Sigl, Eveline (2012). No se baila así nomás. La Paz: [s.d.]

Stobart, Henry (1988). The pinkillos of Vitichi. [s.d.]

 

Sobre el artículo

Texto: Edgardo Civallero.

Ilustración: Marimacho (Bolivia) [Origen no registrado].

Información tomada del libro digital "Pinkillos: un acercamiento inicial", de Edgardo Civallero, accesible en línea.

 


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jueves, 8 de junio de 2017

Pinkillos: un acercamiento inicial

Pinkillos: un acercamiento inicial

Parte 04. Pequeños pinkillos (I)


 

Se recogen en este apartado aquellas flautas con una longitud inferior a 80 cm. Estos instrumentos pueden considerarse como los aerófonos más abundantes y más ampliamente distribuidos a lo largo de la cordillera andina.

En Ecuador existen varios tipos de pinkillos de este tipo, localmente llamados pingullos o pinguyos. El instrumento está presente entre los Otavalo, los Cañari, los Puruhá y los Salasaca, todos ellos pueblos de habla quechua que habitan la cordillera andina ecuatoriana. Antiguamente se lo construía con un hueso de venado o de ala de cóndor o buitre obturado mediante un tapón de cera; en la actualidad se prefiere su elaboración con distintos tipos de caña, incluyendo el carrizo y la tunda o duda, y el uso de un taco de madera. Mide 30-40 cm de largo; el modelo más empleado dispone de 3 orificios de digitación (2 frontales y uno trasero), y es interpretado con una sola mano por un músico que se acompaña a sí mismo con un bombo, huancara, tamboril o caja. Existen también modelos de 4-7 orificios, que suelen ser denominados pífanos o píjuanos (sobre todo en la provincia de Imbabura).

Los pingullos tradicionales de 3 orificios suelen poseer una curiosa ventana con forma de reloj de arena. Son muy utilizados durante las festividades de Reyes y el Corpus Christi. En el caso del Corpus, ejecutan las melodías del baile de los danzantes de Pujilí (provincia de Cotopaxi) y de Salasaca (provincia de Tungurahua) y el de los rucus de Alangasí y otros pueblos de los valles de Los Chillos y Tumbaco (provincia de Pichincha). Acompaña también a los danzantes de Cocotog en las Octavas de Santa Ana, en el mes de julio.

El pingullo participa asimismo en la banda ritual que acompaña al Coraza del valle de Otavalo (provincia de Imbabura) tres veces al año, y en los cantos del Carnaval indígena de la provincia de Chimborazo, incluyendo la danza del cantzapa.

Dos semanas antes de las Carnestolendas, los jóvenes solteros de Azuay y Cañar interpretan las lalaj, canciones diversas que se entonan ante las casas de los vecinos al son del pingullo. Finalmente, el pingullero, tamborero o mamaco es el personaje central de la yumbada de Cotocallao (cerca de Quito, provincia de Pichincha) y de los famosos yumbos con ashanga de diversos puntos de la provincia de Cotopaxi.

Con una pareja de pinkillos de caña solía confeccionarse la dulzaina, una flauta doble ecuatoriana de pico. En la actualidad se prefiere usar flautas dulces comerciales de plástico. En general, los dos instrumentos que componen la dulzaina tienen 4 y 6 orificios respectivamente, y sus melodías están separadas por un intervalo de tercera.

En territorio peruano, en el departamento de Lambayeque, al norte del país, se emplean dos pinkillos: el pinkullu de danza y el lanchi pinkullu. Ambos poseen 3 orificios y son interpretados por los mamitas con el acompañamiento de una caja. El primero, el más pequeño, forma parte de las comparsas de la danza del cascabel. Se lo elabora en caña tungula o en mamaq amarillo y alcanza unos 20-35 cm de largo. El segundo acompaña los bailes de pareja en el área de Incahuasi. Se lo construye con caña mamaq rojo y mide unos 45 cm.

Las flautas de una mano son muy populares en la mitad septentrional del Perú, aunque en realidad están presentes en casi todo el país. En el departamento de Cajamarca se ejecuta un pinkillo de 2-3 agujeros y 30-50 cm, la flauta, junto a una caja o tambor. Llamados cajeros, sus intérpretes suelen tocar en conjunto con los del clarín cajamarquino, una gigantesca trompeta natural indígena. Como ocurre en muchas otras partes de la Sierra peruana, la flauta se elabora tradicionalmente a partir de un tallo de rayan o rayán (variedad local de saúco, Sambucus peruviana), al que se extrae la médula blanda para obtener un tubo. Actualmente, sin embargo, se utiliza cada vez con mayor frecuencia el plástico. Dependiendo de la forma de la embocadura y de la posición del taco, pueden construirse dos clases de flautas: las roncadoras (con un sonido vibrante y lleno de armónicos) y las llanas (con un sonido más limpio). Las cajas se preparan con la base de un tallo florífero de maguey (penca, penco), que se limpia hasta formar un aro cilíndrico sobre el que se tensan dos parches de cuero de borrego o cabrito. La caja se sostiene mediante un cordel enganchado en los dedos anular y meñique de la mano izquierda, mientras los otros tres dedos digitan la flauta y la mano derecha percute el parche del membranófono.

Desde el departamento de Cajamarca hasta el de Lima, pasando por los de La Libertad, Ancash, Huánuco y partes de los de Pasco, Junín y Huancavelica, se emplean flautas de 3 agujeros de entre 60 y 100 cm, interpretadas junto a una caja de tamaño variable. Todas ellas tiene nombre, tamaño, forma de construcción y estilo de interpretación similares.

Probablemente las más populares dentro de esta categoría son las roncadoras, un nombre utilizado para designar asimismo al conjunto formado por flauta y caja (caja roncadora, huancar, wankar). Hay conjuntos de roncadoras muy reconocidos en Corongo, Churap, Carian, Carhuaz, Caraz, Punya, Pomabamba, Ñahuin, Pamparomás, Tauca y Sahuachuco (departamento de Ancash), Parcoysillo (departamento de La Libertad) y Cunyac (departamento de Junín).

Tradicionalmente, la caja se elaboraba con un aro de eucalipto o sauce y un cordel de agave (penca) que estiraba los parches. En la actualidad, el instrumento se hace con madera laminada y soga. La caja es de grandes dimensiones, cuenta con dos aros y parches de cuero pelado, y se lleva colgada al hombro. El parche que se golpea es el más grueso y resistente; llamado macho, es el que lleva encima la cuerda (chirlera, bordona) que hace que el sonido vibre o ronque.

La flauta se construye con tallos de rayan y un shullun o bocado, un tarugo de madera insertado en el extremo proximal para formar el aeroducto, y cuya particular forma interna hace que el aerófono también ronque. Los constructores de flautas elaboran pinkullos de pequeño tamaño para acompañar danzas como shaqshas y panatahuas, y flautas roncadoras que, de menor a mayor, se denominan primeras, segundas y terceras. Las que más roncan son las terceras y las segundas; las primeras se usan para la danza de las pallas.

El músico que interpreta la roncadora recibe el nombre de chiroco, chiroque o cajero. Los chirocos solían tocar en parejas; hoy se arman grupos de hasta una docena. En los contextos más tradicionales acompañan la limpieza ceremonial de acequias, la construcción de casas, faenas agrícolas, cortes rituales de pelo y plegarias de difuntos, aunque en buena parte de las comunidades, este tipo de toques se han perdido. Hoy por hoy, lo más habitual es verlos interpretar chuscadas, huaynos, marchas, dianas y otras danzas tradicionales locales.

En los departamentos de Ancash y Piura, esta flauta (de caña, de unos 20 cm) se llama chisqa, chiska, chisga, chiroque o quena huari (esta última denominación solo se da en Ancash cuando acompaña la danza huari), y su intérprete, chisquero. Instrumentos similares se encuentran en el departamento de Huancavelica (pinkillo de rama, 80 cm).

Otras flautas de una mano son el pincullo, pito o flauta (30-40 cm, saúco) del departamento de Huánuco; la flauta, flautín o pifa (15 cm, saúco) de los departamentos de Amazonas, Junín y Lima, que acompaña la danza de las pallas en Jauja; el pinquillo (80 cm, rama de árbol) del departamento de Huancavelica; el pinquillo (caña carrizo) del departamento de Cusco; el pijcullo (grande) y la flauta (pequeña) del departamento de Huancayo, acompañados con caja o tinya; el pito o flauta (25 cm) del departamento de Lima, el pífano (40 cm, carrizo) del departamento de Lima, acompañado por un membranófono llamado didín; y el flautín o flauta del departamento de Arequipa.

En Cajamarca y áreas aledañas se interpreta la gaita, una flauta doble formada por un tubo largo y uno corto; éste último es el único que cuenta con orificios de digitación, en número de 4. Se elabora a partir de caña o de distintos tipos de madera (rayan, babillo), aunque antiguamente también se empleaban huesos de buitre. Suelen usarse únicamente para entonar determinadas melodías, sobre todo yaravíes.

En el área altiplánica peruana (departamentos de Puno y Tacna) se utilizan varios tipos de pinkillo. Acompañan multitud de danzas, desde los carnavales de Qopamayo y Arapa hasta los machutusuq o achachi k'umus. Se fabrican con caña, y suelen medir entre 50 y 100 cm. Incluyen las lawatas (90-100 cm) de 4 orificios frontales; los pinquillos de 4 orificios y dos tamaños, uña (grande) y ama (pequeño); los pincollos de la danza de los pacochis (35 cm) y de la danza waka thoqori (43 cm), de 3 orificios; los awilcuchi, de caña y 6 orificios frontales, que acompañan la danza de los chaulires en Chucuito; el pinkillo o charca (38-55 cm, caña) de 6 orificios; el pinkillu ajora (35 cm) y el pinkillu chible (20 cm) de la isla de Taquile; la tropa de pinkillos o pincollos de Carnaval, de 5 orificios frontales, e instrumentos de hasta cuatro tamaños (que en Taquile se conocen como maltona, de 65 cm; machu, de 58 cm; acora, de 55 cm; y chuli, de 30 cm); el pinkillo, occona u oqona de Sandia (90-100 cm, caña), de 4 orificios frontales y uno posterior, llamado toccana cuando mide 70-75 cm y pito cuando mide 50 cm; y la tropa de pinkillos, tokanas o toccanas de 4-5 orificios frontales, que puede tener distintos tamaños (los cuales, en Cuyo Cuyo, Sandia, se denominan hat'un, de 75 x 3 cm; chaupi, de 60 x 2,5 cm; y huchuy o ñaño, de 50 x 2 cm).

El lawa k'umu, utilizado al sureste del departamento de Puno, es un particular pinkillo de unos 65-70 cm de longitud. Se lo construye a partir de una rama curva (de ahí su nombre aymara, "palo curvo") de kantuta (Cantua buxifolia), sin yemas y cortada en luna llena, que se abre longitudinalmente y se vacía. Luego se unen ambas mitades con tendón o cordel. Se lo interpreta sobre todo en el distrito de Acora (provincia de Puno) para acompañar la danza de los chacareros en marzo, cuando florecen las matas de patata, justo antes de la cosecha (que coincide con los Carnavales).

 

Referencias

Baumann, Max P. (1981). Music, Dance, and Song of the Chipayas (Bolivia). Latin American Music Review / Revista de Música Latinoamericana, 2 (2), Autumn-Winter, pp. 171-222.

Catacora Rodríguez, José Manuel (2006). Contexto y análisis organológico del instrumento musical lawa k'umu, de la zona lacustre del altiplano en Puno. [Tesis]. Puno: Universidad Nacional del Altiplano.

Cavour Aramayo, Ernesto (1994). Instrumentos musicales de Bolivia. La Paz. CIMA.

Coba Andrade, Carlos Alberto (1981). Instrumentos musicales populares registrados en el Ecuador. Otavalo: Instituto Otavaleño de Antropología.

D'Harcourt, Raoul y Marguerite (1959). La musique des Aymara sur les hauts plateaux boliviens. Journal de la Société des Américanistes, 48, pp. 5-133.

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Gerard, Arnaud (ed.). (2010). Diablos tentadores y pinkillus embriagadores. La Paz: Plural Editores / FAUTAPO.

Gobierno Autónomo Departamental de La Paz (2012). Registro de música y danza autóctona del departamento de La Paz. La Paz: Secretaría Departamental de Desarrollo Económico y Transformación Industrial.

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Martínez, Rosalía (1990). Musique et démons: carnaval chez les Tarabuco (Bolivie). Journal de la Société des Américanistes, 76, pp. 155-176.

Mullo Sandoval, Juan (2009). Música patrimonial del Ecuador. Quito: Fondo Editorial Ministerio de Cultura.

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Sigl, Eveline (2012). No se baila así nomás. La Paz: [s.d.]

Stobart, Henry (1988). The pinkillos of Vitichi. [s.d.]

 

Sobre el artículo

Texto: Edgardo Civallero.

Ilustración: Roncadoras de Ancash (Perú) [YouTube].

Información tomada del libro digital "Pinkillos: un acercamiento inicial", de Edgardo Civallero, accesible en línea.

 


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