Un recorrido guiado a través de los sonidos de América Latina, sus instrumentos y sus intérpretes. Por Edgardo Civallero.

jueves, 25 de mayo de 2017

Pinkillos: un acercamiento inicial

Pinkillos: un acercamiento inicial

Parte 03. Grandes pinkillos (II)


 

Con una silueta que parece una forma de transición entre los mohoseños del departamento de La Paz y los alrededores del lago Titicaca, y las nutridas familias de pinkillos de madera de los valles y punas de los departamentos de Chuquisaca, Cochabamba, Potosí y Oruro, se presentan los pinkhullus usados por el pueblo Yampara o Tarabuqueño de la localidad de Tarabuco (provincia de Yamparáez, departamento de Chuquisaca), que salen a relucir durante el pujllay, la celebración de los Carnavales.

Los pinkhullus son una tropa de pinkillos que comprende tres tamaños: el enorme tokhoro (también llamado senqatanqana), que suele superar con facilidad los 150 cm de longitud, y los conocidos genéricamente como pinkhullus (pinkillos, pinkhullus tokhoro), que miden unos 80 y 60 cm respectivamente, y están afinados en intervalos aproximados de quinta y octava con respecto al miembro de tesitura más grave de la familia. Poseen 6 orificios de digitación frontales, y uno que atraviesa el nudo de la caña con el que se cierra el instrumento en su extremo distal. Cada tropa incluye en la actualidad entre 10 y 20 pinkhullus, uno o dos tokhoros y una waqra, una bocina que algunas fuentes describen como un clarinete idioglótico.

Debido a su tamaño, el sonido natural de estas flautas es grave y profundo. Sin embargo, tal y como ocurre con los mohoseños, en los contextos tradicionales en los que son empleadas se prefieren sus registros agudos y sobreagudos, generalmente cargados de armónicos; los sonidos graves se emiten "para descansar" del soplo.

Los pinkhullus se elaboran con caña piji, originaria de la región de Chapare, aunque, debido a la dificultad de obtener el material, cada vez se utilizan más determinadas variedades de tubo plástico. El pinkhullu más pequeño es una típica flauta de pico, con un aeroducto y un bisel situados en posición delantera. El mayor, por su parte, no posee una embocadura con forma de pico, y tiene el aeroducto y el bisel en la parte trasera.

La flauta tokhoro (tokoro, toqoro o tuquru; nombre de la caña con la que se construye) es citada en muchos trabajos como senqatanqana (del quechua sinqa, "nariz" y tanqana, "lo que empuja", es decir, "empuja-nariz"). Puede tener un diámetro de entre 5 y 10 cm. Suele contar con 1-2 orificios adicionales (falsos) en la base, que ayudan a la afinación de sus notas más graves. El aeroducto y el bisel se sitúan en la parte trasera del instrumento. Debido a su descomunal tamaño, el extremo superior posee un cabezal hecho de mapha (cera de abeja), madera o brea, en el cual se inserta un conducto oblicuo de caña, el cañón de una pluma de cóndor o un pedazo de manguera de entre 5 y 20 cm, que permite la insuflación de aire.

Aún con la ayuda de semejante mecanismo, la ejecución del tokhoro es tremendamente difícil, debido a la posición que deben asumir el cuello y los brazos del músico. Es por ello que los tokhoros son tan escasos dentro de las tropas de pinkhullus.

Los pinkillos empleados en las comunidades quechua-hablantes de los valles andinos de Bolivia (departamento de Potosí y Chuquisaca, y regiones vecinas de los de Oruro y Cochabamba) suelen tener grandes dimensiones y fabricarse a partir de una rama generalmente curvada, que se abre al medio, se vacía y se vuelve a unir, como se hace en Perú, asegurándola con anillos de tendones o cuero y cera de abeja. Asumen diferentes nombres de acuerdo al área en la que se los construye e interpreta, aunque existe un puñado de términos genéricos: pinkillu, rollano, lawuta (lauta, lawato, lawata; un derivado de "flauta"), y wistu pinkillu o wistu lauta (del quechua wistu, "torcido"). Los más apreciados suelen ser los construidos en las localidades de Falsuri y Vitichi (departamento de Potosí). Forman parte del acervo tradicional de grupos étnicos como los Calcha, los Yura y los Toropalka, que las interpretan aprovechando sus sonidos más agudos y todos sus armónicos.

En la parte norte del departamento de Potosí y las zonas fronterizas con los departamentos de Cochabamba y Oruro, los grupos Layme, Qaqachaca y Macha emplean los much'a o turume (torome), también llamados machu pinkillo, bajo pinkillo, pinkillo lica, pinkillo jach'a, pinkillo labota y pinkillo k'oro. Se trata de flautas elaboradas a partir de ramas de médula blanda (como el saúco), perforadas con hierros calientes y aseguradas con cintas de cuero o nervios.

Estos pinkillos cuentan con 6 orificios frontales, y se ejecutan en tropas que suelen incluir cuatro tamaños y cuya denominación varía de región en región: much'a o machu tara (110 cm); mala, malta, q'iwa o jatun q'ewa (70 cm); tara, t'ara, sona o varitan (55 cm); y ch'ili, q'iwita, uña q'ewa, jisqa q'ewa, juch'uy q'ewa o chuyma (35 cm). La forma de interpretación suele entretejer sonidos siguiendo una elaborada técnica de diálogo que no solo intercala notas distintas, sino también distintas octavas y niveles de armónicos.

El much'a posee un sistema de soplo similar al del tokhoro de Tarabuco: un cabezal de madera, mapha o brea con un largo aeroducto de caña. De la posición que debe asumir el músico para interpretar el aerófono deriva su nombre quechua, "beso". Puede alcanzar los 2 m de largo y los 10 cm de diámetro; en ese caso extremo, el aerófono precisa de un complejo sistema de sujeción, y el soplo se realiza a través de una manguera de goma o un caño plástico.

Probablemente debido a las fuertes corrientes migratorias, estas flautas también se utilizaban, hasta tiempos relativamente recientes, en ciertas regiones del oeste de la provincia de Jujuy (noroeste de Argentina), en donde se las conocía como turumas, turumbas, rollanos o tarkas. Medían entre 60 y 70 cm y estaban confeccionadas a partir de una rama de kapa kapa (Gynoxys glabriuscula) abierta al medio, vaciada y sujeta con tendones de llama. Poseían 6 orificios de digitación.

Similares a los much'a, los chajes (chajjes, ch'aqes), también llamados "flautas charkas" o "pinkullus de Potosí", son una tropa de pinkillos originarios del departamento de La Paz, interpretados sobre todo en Colquencha (provincia de Aroma), Corocoro (provincia de Pacajes) y aledaños. Se elaboran a partir de una rama ahuecada, y están provistos de 6 orificios de digitación frontales. Se interpretan en tropas que incluyen tres tamaños: tayka (80 cm), mala (55 cm) y ch'uñi (40 cm). Cada conjunto agrupa a 15 o más ejecutantes; acompañados por bombos wank'ara y bocinas pututu, aparecen entre el mes de enero y los Carnavales. A veces se acompañan de un silbato globular de arcilla cocida, el wislulu.

Otros pinkillos de madera bolivianos, los rollanos, se construyen en al menos cinco tamaños distintos; los más pequeños superan los 50 cm de longitud. Se elaboran a partir de una rama de jarq'a, y se los dota de 6 orificios de digitación frontales (aunque solo se usan 5). Se los suele tocar en Yura, Calcha y Vitichi (departamento de Potosí) entre agosto y octubre. Las flawatas, lawatas o pinkilladas también superan el medio metro de longitud, tienen 6 orificios (pudiendo usarse todos o solo 5) y se tocan entre Año Nuevo y Carnaval en el departamento de Oruro, en regiones vecinas al norte de Potosí.

Los Calcha (pueblo que habita las provincias de Nor y Sud Chichas, departamento de Potosí) emplean la flauta santa bárbara u onrras, de 80 cm de longitud, durante los festejos de Santa Bárbara y Navidad (4 y 25 de diciembre, respectivamente) y, en ocasiones, para pedir lluvia. En cambio, en tiempo de Carnavales las protagonistas son la flauta fiesta de 70 cm, las saripalkas o flautas de Carnaval de un metro, y los lawatos o malichos de 50 cm de largo; se las suele bañar en chicha ceremonialmente, para templarlas. Los vecinos Yura, por su parte, interpretan lawatus, lautas o chawpi, flautas de 70 cm acompañadas de bombos wank'ara, mientras que los Toropalka usan pinkillos saripalkas de un metro y malichos de medio metro, octavados y acompañados de bombos wank'ara. Finalmente, a los Qaqachaka de los departamentos de Potosí y Oruro pertenece el karnawal pinkillu, con sus dos tamaños, tara y q'iwa.

Muy similares a estos pinkillos son las flautas ch'utu del pueblo Chipaya (alrededores del lago Coipasa, departamento de Oruro), que las llaman asimismo ushny pinkayllos (por su conexión con el Carnaval, el ushny tsakny). Poseen 6 orificios, y se interpretan en Carnavales en pares: la paquilla (mayor tamaño) y la qolltaylla (menor tamaño). Se construyen con una rama de sauce o de tola (Baccharis incarum) generalmente curva, partida a la mitad, ahuecada y vuelta a unir con nervios de llama o res. Se acompañan con pumpu (bombo) y caja, un doti (cuerno) y una campana (cencerro de llama).

 

Referencias

Baumann, Max P. (1981). Music, Dance, and Song of the Chipayas (Bolivia). Latin American Music Review / Revista de Música Latinoamericana, 2 (2), Autumn-Winter, pp. 171-222.

Catacora Rodríguez, José Manuel (2006). Contexto y análisis organológico del instrumento musical lawa k'umu, de la zona lacustre del altiplano en Puno. [Tesis]. Puno: Universidad Nacional del Altiplano.

Cavour Aramayo, Ernesto (1994). Instrumentos musicales de Bolivia. La Paz. CIMA.

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D'Harcourt, Raoul y Marguerite (1959). La musique des Aymara sur les hauts plateaux boliviens. Journal de la Société des Américanistes, 48, pp. 5-133.

Díaz Araya, Alberto; Mondaca Rojas, Carlos; Ruz Zagal, Rodrigo (2000). Música y músicos aymaras del norte chileno. Diálogo andino, 19, pp. 61-84.

Gerard, Arnaud (ed.). (2010). Diablos tentadores y pinkillus embriagadores. La Paz: Plural Editores / FAUTAPO.

Gobierno Autónomo Departamental de La Paz (2012). Registro de música y danza autóctona del departamento de La Paz. La Paz: Secretaría Departamental de Desarrollo Económico y Transformación Industrial.

Instituto Nacional de Cultura (1978). Mapa de los instrumentos musicales de uso popular en el Perú: clasificación y ubicación geográfica. Lima: Oficina de Música y Danza.

Martínez, Rosalía (1990). Musique et démons: carnaval chez les Tarabuco (Bolivie). Journal de la Société des Américanistes, 76, pp. 155-176.

Mullo Sandoval, Juan (2009). Música patrimonial del Ecuador. Quito: Fondo Editorial Ministerio de Cultura.

Olsen, Dale A.; Sheehy, Daniel E. (eds.) (2008). The Garland Handbook of Latin American Music. 2.ed. Nueva York, Londres: Routledge.

Pérez Bugallo, Rubén (1996). Catálogo ilustrado de instrumentos musicales argentinos. Buenos Aires: Ediciones del Sol.

Sigl, Eveline (2012). No se baila así nomás. La Paz: [s.d.]

Stobart, Henry (1988). The pinkillos of Vitichi. [s.d.]

 

Sobre el artículo

Texto: Edgardo Civallero.

Ilustración: Machu pinkillus, mina Siglo XXI de Llallagua (Bolivia) [Sugiyama T.].

Información tomada del libro digital "Pinkillos: un acercamiento inicial", de Edgardo Civallero, accesible en línea.

 


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jueves, 11 de mayo de 2017

Pinkillos: un acercamiento inicial

Pinkillos: un acercamiento inicial

Parte 02. Grandes pinkillos (I)


 

En líneas generales, los instrumentos aquí presentados como "grandes pinkillos" rondan o superan el metro de longitud. Algunos de ellos, debido a sus enormes dimensiones, requieren de estructuras complementarias de soplo que se convierten en rasgos característicos. Suelen formar parte de conjuntos, aunque algunos de ellos se ejecutan en solitario.

Por lo general se elaboran con gruesas cañas bambusáceas de las tierras bajas sudamericanas o con piezas de madera. En este último caso, el proceso de construcción requiere de la apertura longitudinal de una rama o tronco fino, su vaciado con gubias o instrumentos similares y la posterior unión de ambas mitades –mediante cintas, tiras de cuero o tendones– para formar un tubo que pocas veces llega a ser cilíndrico y, por lo general, no es recto. Tradicionalmente, antes de interpretar este tipo de instrumento el músico lo llena de agua, chicha o alcohol; el gesto suele verse, desde un punto de vista simbólico, como una especie de "bendición". Sin embargo, desde una perspectiva práctica, el líquido ayuda a que la madera se expanda y selle los posibles escapes de aire, que por otro lado siempre pueden obturarse con cera o resina.

Los grandes pinkillos no están presentes en Colombia, y en Ecuador poseen un único representante, el huajairo o guajairo de los Cañari (provincia de Cañar).

En Perú se encuentran los pinkuyllus (pinkhuyllu, pincuyllo, pincullo) del departamento de Cusco, localizados sobre todo en las provincias situadas en las tierras altas (Canas, Canchis, Espinar y Chumbivilcas), así como en áreas de los departamentos de Arequipa y de Puno. Miden 90-120 cm de largo y unos 3-5 cm de diámetro. Se fabrican a partir de ramas de huarango o huaranhuay (Acacia macratha) o queshuar (Buddleja incana) que se abren longitudinalmente, se ahuecan y luego se vuelven a unir; se sujetan con una docena de tiras de tendón (anq'o) o con cintas de cuero o de goma para evitar que se resquebrajen, y se embadurnan con grasa de llama. Suelen contar con 6 orificios, muchas veces ovalados, de los cuales se obturan solo los 4 superiores, y se interpretan por pares. Localmente se identifican varios tipos: el marangani pinkuyllu (el más grande, con una silueta muy arqueada), el orqosi pinkuyllu (el de factura más cuidada, utilizado para interpretar la música homónima), el k'ana pinkuyllu (de la provincia de Canas, el más difundido y el menos arqueado, 100-110 cm), el charol pinkuyllu (muy popular en Chumbivilcas, de menor tamaño), y el huch'uy pinkuyllu (el más pequeño, de 90 cm, usado para el aprendizaje). Se los emplea en la época de lluvias (diciembre y enero), especialmente durante las señalakuy o fiestas de marcado del ganado.

En Chinchero (provincia de Urubamba) y Colquepata (provincia de Paucartambo), también en el departamento de Cusco, aparecen flautas similares a los pinkuyllus, denominadas lawata o qaytanu. Suelen interpretarse en tríos de instrumentos de iguales dimensiones, acompañadas por un redoblante, durante la siembra y cosecha de las patatas.

El toro pinkillo de Ayapata (provincia de Carabaya, departamento de Puno, limítrofe con Cusco) también es muy parecido a los pinkuyllus, aunque cuenta únicamente con 3 orificios de digitación.

Por último, merecen mención los tokoros y pinkillos de Juliaca (provincia de San Román) y áreas vecinas en las provincias de Azángaro y Lampa, en el departamento de Puno. Los tokoros son flautas descomunales interpretadas durante la Kashua o Qhaswa de San Sebastián (20 de enero), conocida como "Carnaval chico". Se trata de aerófonos de hasta 120 cm de largo y 10 cm de diámetro, con 5 orificios de digitación frontales, que producen notas-pedal sobre las cuales interpretan su melodía los pinkillos, mucho más pequeños.

En territorio boliviano se ejecutan los pinkillos mohoseños (pinkillo mohoceño, moseño, moceño, moxeño o mojseño) o simplemente mohoseños, una tropa de flautas originarias del cantón Mohosa/Mohoza (en aymara, Muxsa marka; municipio de Colquiri, provincia de Inquisivi, departamento de La Paz). Actualmente su uso se ha extendido a los departamentos peruanos de Puno y Tacna (donde se los denomina luriwayu, luriwayo o pinkillo luriguayo), a otras provincias del departamento de La Paz (p.ej. Omasuyos) y a los departamentos limítrofes con Inquisivi (Oruro y Cochabamba), en general territorio del pueblo Aymara, a cuyo patrimonio musical pertenece el instrumento.

Este tipo de pinkillo también es conocido como aykhori o ayquri (en aymara, "el que se queja, gime o se lamenta").

Se elaboran con largas piezas de caña tokhoro (tokoro, toqoro, tuquru) en las que se practican 5-6 orificios de digitación en su cara frontal, más 4 orificios de afinación (falsos, 2 en cada lateral) distribuidos en el extremo distal del instrumento. Ese extremo está taponado por un nudo natural de la caña, en el cual se perfora un pequeño orificio. La ventana y el bisel de los mohoseños se sitúan en la parte trasera del instrumento, y el cuerpo principal va asegurado por anillos de alambre, cuerda o cuero, para impedir que la caña se raje; precaución que hay que tener sobre todo cerca de la embocadura, al verse ésta más afectada por la humedad.

La tropa suele incluir al menos cuatro tamaños, cuyos nombres, afinaciones y dimensiones varían de comunidad en comunidad, e incluso de constructor en constructor. En líneas muy generales, se habla de los siguientes: salla, salliva, salliwa, jatun, bordón o bordona (120-220 cm, 5 orificios); erazo, eraso, irasu o cherke (2/3 de la longitud de la salliba, 6 orificios); requinto, rikinto, chirta, chiuka, tarka o mala (la mitad de la longitud de la salliba, 6 orificios); y tiple, tipli, riquina o ch'ili (la mitad de la longitud del erazo, 6 orificios).

Como ejemplos de la diversidad de las tropas de mohoseños puede señalarse que la tropa llamada "loriwaya" (utilizada en el departamento de Puno, Perú) incluye los tamaños salliva, iraso, chirta y riquina; la usada en la ciudad de La Paz (Bolivia) contiene los tamaños sallas, cherke y chiuka; la de Inquisivi (departamento de La Paz, Bolivia) comprende bajo, sallas, cherque y chiuka; la tropa "manzanani" (departamento de Cochabamba, Bolivia) cuenta con jatun tukana, requinto, mala y ch'ili; y la tropa "wankarani" (también de Cochabamba) incluye bordona, mama, tarka y ch'ili. En la actualidad existen hasta treinta tropas distintas, cada una con su propia estructura armónica y sonora.

El mohoseño salliva es quizás el más llamativo de la tropa. Debido a sus grandes dimensiones, debe soplarse a través de un conducto auxiliar de caña (hoy también hecho de caño plástico o manguera de goma), de 40-70 cm de largo, llamado paltjata (probablemente del aymara pallqxtaña, "ramificarse" o p'allqjaña, "bifurcar, dividir en dos"). Ese tubo, bien sujeto al cuerpo principal, conduce el aire desde una pequeña embocadura circular hasta una pieza de madera cilíndrica que obtura completamente el extremo proximal del cuerpo principal del instrumento. Dentro de tal pieza está excavado el aeroducto, que concentra el aire sobre el bisel. La salliva es la única flauta vertical andina que generalmente (aunque no siempre) se interpreta en posición horizontal, como si se tratase de una flauta traversa.

A pesar de que el gran tamaño de las flautas pueda sugerir un sonido grave, su interpretación respeta un principio estético propio de los aerófonos Aymara: el uso exclusivo del registro agudo y sobreagudo, y la emisión de numerosos armónicos.

La tropa produce armonías de quintas, cuartas y octavas aproximadas (con una fuerte presencia de batimientos) y, a diferencia de otras tropas de aerófonos del altiplano meridional andino, no lleva acompañamiento de bombos wank'ara: como instrumento de percusión suelen emplearse los llamados tambores mohoseños o cajas mohoseñadas, similares en estructura a un redoblante. Las bandas o conjuntos de músicos que ejecutan estas tropas se denominan mohoseñadas o moseñadas, término que designa asimismo al estilo de música que interpretan y la danza que los acompaña.

En los últimos tiempos, las mohoseñadas incorporan una chirimiya, clarineta o clarinete, instrumento de lengüeta simple construido por artesanos populares de la provincia de Omasuyos (departamento de La Paz). El cuerpo, de unos 40 cm de largo, se elabora de madera o plástico, caña y hojalata, e incluye una lengüeta de caña, plástico o latón. Posee 6 orificios de digitación frontales y, a veces, uno posterior. Su sonido agudo y vibrante se destaca por encima del de las flautas. Algunos músicos utilizan únicamente la boquilla y usan como cuerpo y pabellón las dos manos unidas; llaman a ese instrumento clarín, imilla, khonana o khonani.

Los mohoseños aparecen en importantes festividades del área circum-Titicaca, así como en las fiestas patronales de las pequeñas comunidades altiplánicas.

 

Referencias

Baumann, Max P. (1981). Music, Dance, and Song of the Chipayas (Bolivia). Latin American Music Review / Revista de Música Latinoamericana, 2 (2), Autumn-Winter, pp. 171-222.

Catacora Rodríguez, José Manuel (2006). Contexto y análisis organológico del instrumento musical lawa k'umu, de la zona lacustre del altiplano en Puno. [Tesis]. Puno: Universidad Nacional del Altiplano.

Cavour Aramayo, Ernesto (1994). Instrumentos musicales de Bolivia. La Paz. CIMA.

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D'Harcourt, Raoul y Marguerite (1959). La musique des Aymara sur les hauts plateaux boliviens. Journal de la Société des Américanistes, 48, pp. 5-133.

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Mullo Sandoval, Juan (2009). Música patrimonial del Ecuador. Quito: Fondo Editorial Ministerio de Cultura.

Olsen, Dale A.; Sheehy, Daniel E. (eds.) (2008). The Garland Handbook of Latin American Music. 2.ed. Nueva York, Londres: Routledge.

Pérez Bugallo, Rubén (1996). Catálogo ilustrado de instrumentos musicales argentinos. Buenos Aires: Ediciones del Sol.

Sigl, Eveline (2012). No se baila así nomás. La Paz: [s.d.]

Stobart, Henry (1988). The pinkillos of Vitichi. [s.d.]

 

Sobre el artículo

Texto: Edgardo Civallero.

Ilustración: Tropa de mohoseños [E. Civallero].

Información tomada del libro digital "Pinkillos: un acercamiento inicial", de Edgardo Civallero, accesible en línea.

 


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