Un recorrido guiado a través de los sonidos de América Latina, sus instrumentos y sus intérpretes. Por Edgardo Civallero.

jueves, 16 de marzo de 2017

Quenas: un acercamiento inicial

Quenas: un acercamiento inicial

Parte 04. Grandes quenas


 

Del gran número de quenas tradicionales ejecutadas a lo largo de la cordillera de los Andes, al menos cuatro de ellas se interpretan en grandes grupos musicales. Estos utilizan tropas de flautas: un conjunto que incluye distintos tamaños de un mismo tipo de flauta, y que es acompañado por instrumentos de percusión tales como bombos, cajas y redoblantes. Las quenas así interpretadas son las pusipías, las quena quenas, las choquelas y los lichiguayos. Todas ellas pertenecen a la cultura Aymara y pueden escucharse en el norte de Chile y en el altiplano de Bolivia y Perú (meseta del Collao), sobre todo alrededor del lago Titicaca.

Las pusipías (también escrito pusipia, pusi p'iya, phusipia, pusi ppia, pusip'ia o pushipia; del aymara pusi, "cuatro" y p'iya "agujero") cuentan, como su nombre indica, con 4 orificios de digitación, situados en su parte frontal. Se interpretan sobre todo en el departamento de La Paz (Bolivia), en localidades como Santiago de Huata, Colquencha, Achacachi, Pucarani o Tambocusi. Pueden verse, asimismo, en otros departamentos bolivianos (Oruro, Cochabamba) y en algunos puntos del departamento de Puno (sur del Perú).

Las tropas de pusipías suelen incluir dos tamaños de flauta: la tayka pusipía, de 80 cm de largo, y la qallu, malta o ma(ha)la pusipía, de 60 cm. Sus afinaciones están separadas por un intervalo de cuarta o quinta. Ernesto Cavour señala la existencia de un tercer tamaño, la jiska pusipía, con una longitud de unos 40 cm y afinada una octava más alta que la tayka. El sonido de estos aerófonos se acompaña con un bombo wank'ara provisto de bordona: una cuerda, tensada sobre uno de los parches, en la que se enhebran espinas de cactus, astillas de caña o palillos para producir un sonido vibrante similar al de un redoblante.

Las pusipías ponen el marco musical a una danza conocida como mocolulo (también escrito muqululu, mukululu o mokolulu). En ella, y como ocurre con muchas otras tropas de aerófonos andinos, los flautistas son, además, bailarines, y van vestidos con una serie de prendas muy particulares: faldas largas (cinturas o sabanillas), dos bolsitas (chuspas) cruzadas en bandolera, gorros (ch'ullus) multicolores adornados con perlas (wallqa), y unas características coronas de plumas que representan las flores de los diferentes tubérculos cultivados por los Aymara (papa, oca, izaño, etc.). Además de los flautistas (todos varones), en la danza participan mujeres (que bailan y eventualmente cantan) y cierto número de personajes disfrazados, que representan a animales míticos (como el zorro o el kusillo o mono), a los ancestros (el achachi y la awila) y al jefe de la comunidad (el mallku).

Son muchos los autores que dan a las flautas (y a la música que interpretan) el nombre de la danza, llamándolas directamente mocolulos.

Las quena quenas (también escrito quena-quena, quenaquena, kena kena, khena khena o qina qina) son flautas elaboradas en recia caña tokhoro o tuquru. Poseen 6 orificios ubicados en la parte frontal y uno en su parte trasera. En sus tropas suele incluirse un único tamaño de flauta, la tayka quena quena, de 50 cm de largo y 3 cm de diámetro, aunque hasta hace unas décadas se usaba otro tamaño, la malta o mala quena quena. Se acompañan de un bombo wank'ara provisto de bordona. Se interpretan tanto en Bolivia como en el sur del Perú, en la región de altiplano que rodea el lago Titicaca, en festividades como San Pedro, la Virgen del Carmen, San Juan, la Fiesta del Rosario o la Fiesta de la Cruz.

Las quena quenas proveen de música a una danza homónima, que, supuestamente, representaría la caza de la llama. En ella, los músicos (que son, a la vez, danzarines) exhiben, como adornos, exquisitas muestras del arte plumario de las tierras altas de Bolivia y Perú: llayt'us, llaitus o llaythus (arcos sobre el sombrero, cubiertos de plumas multicolores) y chakanas (adornos de plumas sobre los hombros). Además, portan la khawa o qhawa, una característica coraza de piel de felino. Las mujeres, que también bailan (y en ocasiones cantan), portan phuyus o phullus (especie de mantas de plumas verdes que se cargan a la espalda), polleras y aguayos o mantas de tonos vivos. Al igual que en muchas otras danzas del altiplano, participan personajes disfrazados que representan a animales (p.ej. el kusillo) o a seres míticos.

La choquela (también escrito chokela, chuqila o chok'ela) es una flauta con 6 orificios en su parte frontal. Se presenta en dos tamaños, la choquela guía (60 cm de largo) y la choquela malta (40 cm), afinados en quintas paralelas. Suelen acompañarse con un bombo wank'ara provisto de la indispensable bordona. Se interpretan en el altiplano peruano-boliviano, sobre todo en los departamentos de La Paz y Puno, en torno al lago Titicaca. Se las puede oír en fiestas como las de San Pedro, la Virgen de la Candelaria o la Virgen del Rosario.

La música de las choquelas pone marco sonoro a una danza ritual Aymara homónima, considerada como una de las más antiguas de este grupo étnico. Supuestamente escenificaría la siembra de la papa (chuqi) y la caza de la vicuña (mediante el sistema de chaqu o cerco) para su domesticación. Los investigadores creen que la danza choquela es una representación ritual del proceso de domesticación de la naturaleza por parte de las antiguas sociedades andinas.

Los hombres (músicos y bailarines a la vez) llevan sombreros empenachados con plumas de pariwana (flamenco andino), y un cuero de vicuña colgado a la espalda; las mujeres (bailarinas y cantoras) llevan también el cuero, y visten sus mejores polleras de fiesta. Participan un buen número de personajes disfrazados, incluyendo el zorro, el kusillo y el cóndor.

Por último, los lichiguayos (también escrito lichiwayu, lichiwayo o lichihuayo), q'ichiwayus o pingallos son aerófonos empleados en el Norte Grande chileno (regiones de Arica y Parinacota, Tarapacá, y Antofagasta) y en el departamento de Oruro (Bolivia), por lo general –aunque no exclusivamente– en comunidades Aymara y Chipaya. La etimología de su nombre aún se sigue debatiendo, aunque la mayoría de los autores que las han estudiado coinciden en señalar que significaría "[flautas de] lecheros" o "[flautas] lecheras".

Se trata de flautas verticales de grandes dimensiones (entre 30 y 60 cm de largo y 5 cm de diámetro), y provistas de entre 4 y 7 orificios de digitación (incluyendo uno trasero, que los Chipaya llaman pheta). Se construyen usando caña tokhoro o tuquru. Se interpretan en tropas en los que participan al menos tres tamaños distintos: una flauta mayor, de 60 cm, una mediana de 40 cm, y una pequeña de 30 cm; el sonido de la primera estaría separado del de la última por un intervalo de octava, y del de la segunda por un intervalo de cuarta o quinta. Los Chipaya las llaman pac pingallo (60 cm), taipi pingallo (40 cm) y kholto pingallo (30 cm).

En el norte de Chile suenan, sobre todo, durante Corpus Christi y en fiestas patronales, casi siempre en pueblos pequeños: en los grandes, por lo general, se prefiere la música de los conjuntos de zampoñas (flautas de Pan andinas). En Bolivia, y de acuerdo a Ernesto Cavour, los lichiguayos serían típicos de comunidades como Curahuara de Carangas, Totora, Corque, Salinas de Garci Mendoza, Venta y Media y Santa Ana de Chipaya, en el departamento de Oruro. En contextos tradicionales (sobre todo en Bolivia, pero también en Chile), los lichiguayos acompañan una danza homónima, que escenifica el chaqu (la antigua caza de la vicuña) o el sacrificio de uno de esos camélidos a la Pachamama, la Madre Tierra, por parte de un pastor. En base a estos hechos, los musicólogos y folkloristas suponen que los lichiguayos habrían estado originalmente asociados a comunidades de pastores, a ritos relacionados con los camélidos andinos, y a un determinado periodo del año.

Sin embargo, la tradición oral señala que los lichiguayos eran sirvientes indígenas de las haciendas del altiplano boliviano, que se ocupaban de ordeñar las vacas. Se ha inferido, pues, que lo que en un inicio fue un instrumento y una danza de pastores de llamas y/o cazadores de vicuñas terminó incluyendo también a cuidadores de ganado vacuno, y varió su nombre en consonancia.

En la actualidad, los lichiguayos son instrumentos con un repertorio poco conocido y con escasa difusión, aunque los investigadores indican que conservan su vitalidad en comunidades relativamente aisladas. Algunos grupos musicales modernos los han empleado en sus grabaciones y presentaciones (aunque no todos con acierto) y varios conjuntos de bailarines urbanos (sobre todo en La Paz) han presentado flautas y danza en Carnavales y otras fiestas, con lo cual aseguran, de cierta forma, su supervivencia y difusión.

Además de estas "grandes quenas", existen en Perú varias quenas de gran tamaño que no siempre se tocan en conjuntos. Entre ellas se cuentan quenas de 4 orificios como la lawata de Cusco y el pinkuyllu del pueblo Q'ero (agujeros a veces rectangulares); de 5 orificios como la jilawata o hilawata de Chucuito, llamada pusa en Sandia (departamento de Puno, 80 cm x 5 cm, caña, 5+0); la flauta o ph'alaata de Sandia (departamento de Puno, 60-120 cm, caña chuqui, qeaphuti y toccoro, 4+1); y el quenacho de Lampa y Chucuito (departamento de Puno, 120 cm, 4+1); de 6 orificios, como el chacallo o chaqallo de Chucuito y Puno (departamento de Puno, 60-80 cm x 3 cm, caña chaya) usado en las danzas chaqallus o chaqalladas; y de 7 orificios, como la machu quena u ocona de los departamentos de Puno (en Melgar) y Ayacucho (80-90 cm, 6+1); la San Borga quena de Chumbivilcas (departamento de Cusco, 70 cm, de madera de saúco); y la puli puli de Puno (60 cm).

 

Referencias

Cavour Aramayo, Ernesto (1994). Instrumentos musicales de Bolivia. La Paz: E. Cavour.

Claro Valdés, Samuel (1997). Oyendo a Chile. Santiago de Chile: Editorial Andrés Bello.

D'Harcourt, Raoul y Marguerite (1959). La musique des Aymara sur les hauts plateaux boliviens. Journal de la Société des Américanistes, 48, pp. 5-133.

Instituto Nacional de Cultura (1978). Mapa de los instrumentos musicales de uso popular en el Perú: clasificación y ubicación geográfica. Lima: Oficina de Música y Danza.

Pérez Bugallo, Rubén (1996). Catálogo ilustrado de instrumentos musicales argentinos. Buenos Aires: Ediciones del Sol.

Vivanco Guerra, Alejandro (1974). Didáctica de la quena peruana. Lima: Lima S.A.

 

Sobre el artículo

Texto: Edgardo Civallero.

Ilustración: Detalles de pusipías [E. Civallero].

Información tomada del libro digital "Quenas: un acercamiento inicial", de Edgardo Civallero, accesible en línea.

 


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